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28/05/2015

El expediente Blazer y la pista uruguaya

Una empresa y una cuenta de banco en Uruguay están presentes en la trama de corrupción de la FIFA.



Charles “Chuck” Blazer fue secretario general de la Concacaf entre abril de 1990 y diciembre de 2011, y fue miembro del comité ejecutivo de la FIFA desde febrero de 1997, además de integrante de varios de sus comités, entre ellos el de marketing y el de televisión. Ahora está acusado de diez cargos criminales ante la justicia de los Estados Unidos, entre los cuales se encuentran lavado de dinero, fraude, evasión fiscal y asociación para delinquir.

Desde el 25 de noviembre de 2013 Blazer colabora con la Justicia, luego de declararse culpable de estos delitos, y ha sido una pieza clave para avanzar en la identificación de la corrupción en la FIFA y sus responsables.

Durante su gestión como dirigente de la Concacaf Blazer fue compensado anualmente con diversos montos de dinero, y lo mismo ocurrió gracias a su posición en la FIFA. Estas compensaciones eran recibidas en diferentes cuentas bancarias en Estados Unidos y en bancos “off shore”.

Según la justicia de EEUU, Blazer y otros empleados de la Concacaf y la FIFA usaron sus posiciones en estos organismos para enriquecerse mediante la participación en esquemas que incluían el ofrecimiento, la aceptación, el pago y el recibimiento de pagos secretos e ilegales, y sobornos, así como otros mecanismos como la venta sin autorización de entradas para la Copa del Mundo. Blazer y sus cómplices, asegura el escrito, “corrompieron a la organización participando de actividades criminales, incluyendo fraude, soborno, lavado de dinero, persiguiendo su enriquecimiento personal”.

Para desarrollar estas actividades ilícitas Blazer suscribió contratos para darles la apariencia de legitimidad, usó intermediarios, banqueros, asesores financieros y distribuidores de moneda, así como la creación de empresas de fachada y cuentas bancarias en paraísos fiscales y otras jurisdicciones bancarias secretas.

Blazer participó de varios casos de soborno, incluyendo votaciones de sedes de la Copa del Mundo o compra de derechos de televisión para competencias internacionales de la FIFA. Una de estas ocasiones fue en 1993 cuando la Concacaf comenzó a organizar la Copa de Oro y Blazer participó de una negociación entre el organismo y una empresa que adquirió los derechos de televisión de la competencia gracias al pago de sobornos que se transfirieron a una cuenta bancaria localizada en Uruguay.

El 29 de marzo de 1999 se depositaron 200 mil dólares por concepto de sobornos utilizando una empresa uruguaya y un banco con sede en Uruguay. El destino final del dinero fue la empresa Sportsvertising, propiedad de Blazer, que tenía una cuenta en el banco Barclays de Nueva York

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