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17/04/2018

El coronel que torturaba en dictadura y espiaba en democracia

Denuncia: seguimientos y escuchas clandestinas a políticos y militares y hasta la orden para matar a un capitán del Ejército, fueron algunas actividades de Eduardo Ferro en plena democracia
El capitán (r) del Ejército, Héctor Alcides Erosa, denunció varias actividades de espionaje realizadas en plena democracia durante la década de 1990 y acusó al torturador Eduardo Ferro de ser, al menos, uno de los principales cabecillas de estos operativos clandestinos. 
 
Munido de una carta donde apoyó todas sus acusaciones ante los diputados que integran la comisión creada para investigar el espionaje militar durante la democracia, el capitán Erosa aseguró que el coronel Ferro le ordenó matar a un capitán del Ejército en 1991 y que además montó un fallido operativo de Inteligencia en una estancia donde se realizaba una reunión de simpatizantes del Partido Nacional.
 
Actualmente, Ferro se encuentra preso en España a la espera de su extradición a Uruguay para responder ante la Justicia uruguaya por su participación en el asesinato del dirigente comunista Oscar Tassino, ocurrido en 1977, durante la dictadura cívico-militar. 
 
Ferro fue detenido el 7 de septiembre del año pasado en Madrid, tras haber huido de Uruguay en marzo cuando la jueza penal Dolores Sánchez citó al coronel por el homicidio de Tassino. 



Oscar Tassino, una de las víctimas de Eduardo Ferro.

Este coronel es una pieza clave para entender varias aristas del terrorismo de Estado ejercido en la década de 1970. Con el grado de capitán fue miembro de la llamada "patota" de la  OCOA (Oficina Coordinadora de Operaciones Antisubversivas) que participó en el plan Cóndor.

Además de la muerte de Tassino, Ferro es señalado como responsable del asesinato del escribano Fernando Miranda -padre del actual presidente del Frente Amplio, Javier Miranda-; de haber participado en el homicidio de María Claudia García -madre de la diputada Macarena Gelman-; y de haber torturado a decenas de uruguayos en centros clandestinos de detención, en la ciudad de Buenos Aires.

 
Escribano Fernando Miranda. 

El capitán Erosa dijo ante los legisladores que Ferro y sus superiores "utilizaron todos los medios, materiales y económicos, de una unidad operativa de combate para realizar una operación de inteligencia y espionaje, seguimientos, escuchas, invasión de propiedad privada de personalidades políticas, civiles y militares de la época".
 
Erosa compareció en la comisión de Diputados que investiga el espionaje en democracia donde detalló varios sucesos, en su opinión todos ilegales, ocurridos entre 1990 y 1996 en la Unidad de Ingenieros de Combate N°2, del departamento de Florida.
 
"En dicha unidad militar se realizaron entrenamientos armados a personas externas a la unidad militar, con armas y munición perteneciente a la unidad, así como también con armas provenientes de la compañía de inteligencia y de otras procedencias", señala la carta que Erosa presentó a los diputados y a la que accedió Sudestada
 
Entre la cantidad de acusaciones que quedaron en poder del Parlamento, Erosa aseguró que Ferro le propuso simular un accidente durante maniobras militares en la unidad de Florida, con el objetivo de asesinar al capitán Castellini "por ser comunista". Erosa sostuvo que se negó a tal extremo: "por supuesto que no lo hice, y le dije a Ferro que estaba loco", declaró el militar. Añadió que hubo persecución interna hacia Castellini, quien luego fue sometido a un sumario por un extravío simulado de un arma.
 
Mientras estuvo Ferro al mando de estas operaciones de espionaje "se manejaron fuertes sumas de dinero, así como vales de nafta que eran cambiados por dinero en efectivo, en estaciones de servicio Ancap del interior y la capital", señala Erosa en su denuncia. "Así mismo hubo disponibilidad de varios vehículos de desconocido origen, que se intercambiaban las matrículas de diferentes departamentos del país, Montevideo, Flores, Canelones y Cerro Largo", agrega el militar.
 

Todos estaban al tanto

Erosa aseguró ante el Parlamento que todas estas denuncias fueron informadas en su momento a la Justicia Militar y a los comandantes en Jefe del Ejército de la época: Guillermo de Nava (1990-1992), Juan Modesto Rebollo (1992-1993), Daniel García (1993-1995) y Juan Curutchet (1995-1996) hasta que asumió el cargo Raúl Mermot.

 

Capitán retirado Héctor Erosa

El militar retirado denunció que como no cumplió con las órdenes de Ferro, entre ellas la de matar a Castellini como si se tratara de un accidente, fue víctima de una persecución y de amenazas de muerte contra su familia. Esto ocurrió desde 1991 y durante siete años de su carrera, hasta 1998, cuando recibió un pase a retiro obligatorio por una supuesta enfermedad que "jamás" padeció. Erosa asegura que no recuerda el nombre de pila de Castellini y que desde aquella época no tuvo noticias de este capitán del Ejército, por lo que no sabe si está vivo o muerto.
 
El presidente de la comisión investigadora, el diputado comunista Gerardo Núñez, destacó el aporte de Erosa y subrayó que cuando el ex ministro Raúl Iturria fue convocado por el Parlamento “negó haber tenido conocimiento de la existencia de espionaje", pero "hoy, además de confirmar el espionaje militar en democracia, también confirmamos que autoridades políticas del momento estaban en conocimiento de estas acciones".
 
Núñez dijo que en el Frente Amplio analiza la posibilidad de volver a citar al ex ministro Iturria, al entender que existen "elementos de contradicción muy importantes" que deben aclararse.
 

Breve semblanza de un torturador



Ferro durante la dictadura. 

Eduardo Augusto Ferro Brizzozero nació el 10 de abril de 1947 e ingresó al Ejército, en el Arma de Ingenieros el 1º de marzo de 1964. Apenas tres años después, siendo todavía cadete, egresó del curso "Cadet Orientation" de la Escuela de las Américas, el principal instituto de formación de represores de la época, impulsada por la Doctrina de la Seguridad Nacional que se dictaba desde Washington.

En 1968 ascendió a alférez y como teniente segundo estuvo en la Escuela Militar entre 1970 y 1975, año en que pasó ya con el grado de capitán a la OCOA. Integrado a “la patota” comenzó a participar de las torturas perpetradas en el centro de tormentos conocido como “300 Carlos” en la jerga de los represores, o como “El Infierno” como le llamaban los detenidos, los presos políticos.

En 1977 operó en el marco del Plan Cóndor, especialmente en la represión de uruguayos en Argentina y Brasil. En la ciudad de Porto Alegre participó en 1978 del comando que llevó adelante el secuestro y traslado ilegal de la maestra Lilián Celiberti y Universindo Rodríguez, quienes se encontraban en calidad de refugiados. 

Este operativo pudo ser desmantelado gracias al trabajo del periodista brasileño Luiz Claudio Cunha, quien denunció la situación y logró que los militares admitieran que tenían detenidos a Celiberti y Rodríguez. 
 
Desde la década de 1980 revistó en el Servicio de Información de Defensa (SID) y de acuerdo a investigaciones de la sociedad civil se supo que hasta 1982 trabajó como agente encubierto en Argentina. Después de la dictadura realizó cursos de paracaidismo (1986), Inteligencia (Alemania, 1989), seguridad electrónica (1991) y buzo táctico militar (1997), según publicó en el diario La República el periodista Roger Rodríguez.