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02/08/2014

Periodismo y campaña electoral: un saludo a la bandera

¿Cómo, por qué y para qué cubren los medios uruguayos la campaña electoral?
Fabián Werner / Sudestada / @fwernerv

Un candidato de visita en una ciudad del interior ve que hay fotógrafos y camarógrafos cerca y tiene un chispazo de inspiración. Sabe bien, porque tiene un grupo de asesores profesionales que conocen cómo captar la atención de los medios y los votantes, que lo que importa en una campaña electoral es ser el tema de conversación en el ómnibus, el boliche o el almacén: que hablen mal o bien, pero que hablen. Y es entonces que hasta una columna del ornato público deviene oportunidad.

El adulto joven se trepa al poste y queda suspendido paralelo al piso como un atleta olímpico. Después de la acrobacia desafía al adulto mayor que rivaliza con él por la Presidencia a hacer lo mismo, sabedor de que sus años y su condición física se lo impiden. Sabe que tampoco podrían hacerlo su compañero de fórmula o cualquier uruguayo común y corriente, pero a ellos no los desafía: del primero y de los últimos necesitará sus votos.

Ahora sólo falta sentarse en un cómodo sillón en un barrio de la costa y esperar a que suceda lo inevitable: los medios de comunicación aburridos de la verborragia electoral publicarán la foto y el video con el político flameante y otro tanto harán las redes sociales. Por cada burla aparece un defensor, y ante cada crítica una sonrisa “espontánea” del hombre/bandera. El objetivo se alcanzó: todos hablan de la proeza pero nadie se ocupa de lo que promete si llega al gobierno.

La tentación de banalizar la decisión más importante que debe tomar este país cada lustro alcanzó también a los que –se supone– son los encargados de analizar de modo serio los vaivenes del proselitismo. Así pues, el gurú que los medios eligieron como el mejor de los pronosticadores electorales en lugar de comentar propuestas programáticas prefiere hablar de hamburguesas y tortas fritas. Todo cierra con la lógica del infotainment: el programa de gobierno es aburrido, informemos sobre las ocurrencias hilarantes, las imposturas inesperadas y los insultos de salón.

La campaña y el periodismo

“En época de elecciones, el rol de periodistas y medios de comunicación consiste en brindar la mayor cantidad de información posible con respecto a los candidatos, sus propuestas y cualquier otro asunto que sirva para contribuir al debate ciudadano y a la formación de una opinión informada y libre por parte de los electores al momento de impartir su voto”. Esta definición está incluida en el “Manual para coberturas periodísticas: elecciones 2013”, elaborado por la organización ecuatoriana Fundamedios. El texto se realizó para incidir en la mejora de la labor periodística de la campaña electoral de Ecuador pero se aplica perfectamente a cualquier proceso electoral.

Lo mismo ocurre con el documento “Doce Recomendaciones para la Cobertura Periodística de las Elecciones Primarias del 14 de agosto de 2011” elaborado por el Foro de Periodismo Argentino (Fopea). Entre otros capítulos, el texto plantea consejos como “Investigar a fondo a los candidatos”, “Informar sobre el detrás de la escena”, “Convertir en noticia la falta de propuestas”, además de varios aspectos que deberían resultar obvios para cualquier periodista político. “Los periodistas deben tener preguntas propias y no dejarse llevar por la agenda de los candidatos”, es una de las recomendaciones que plantea Fopea.

“Presentar de forma correcta las encuestas” es otro punto en el que coinciden ambos manuales y es un asunto que ya fue objeto de polémica entre los periodistas y los encuestadores en el Uruguay. Si bien la crítica puede resultar compartible, en un país en el que las encuestadoras se equivocan casi con la misma frecuencia que aciertan, sería un ejercicio democrático que los periodistas investigáramos quiénes son los políticos y empresarios que financian los estudios de opinión pública para ver si este vínculo incide en los resultados de los sondeos. En otros países, como Brasil, se impulsan regulaciones a la actividad de estas empresas ante la constatación de que muchos estudios de opinión pública son utilizados de manera deliberada en los últimos días previos a las elecciones para incidir en la intención de voto del electorado.

Libertad de expresión y democracia

Distintos monitoreos realizados en varios países latinoamericanos respecto a las amenazas contra la libertad de expresión demuestran que los períodos electorales suelen venir acompañados de un gran número de agresiones a periodistas. En su último informe anual, la relatora especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos Catalina Botero consigna numerosos episodios de hostigamiento y agresiones a periodistas y muchos de ellos están directamente vinculados con la cobertura de procesos electorales.

Votantes disgustados, políticos disconformes o guardaespaldas sobresaltados son algunos de los autores de los ataques que afectaron a los trabajadores de la prensa en todo el continente durante 2013. El asunto se vuelve especialmente importante en 2014, año durante el cual siete países de la región elegirán nuevos gobiernos y parlamentos.

El manejo interesado de la propaganda electoral, las presiones de políticos a empresarios periodísticos para desequilibrar las coberturas o el impedimento de cubrir actos o acceder a entrevistas son recursos menos violentos y muchas veces más efectivos para afectar la información que llega a los electores.

La lista de efectos colaterales por la existencia de estas amenazas es larga: proliferación de la autocensura y la censura (directa o indirecta), disminución de la calidad de la información que llega a la población, invisibilización de partidos minoritarios, ocultamiento de temas conflictivos, aumento de prácticas alejadas de la ética periodística, entre otros. En suma, si las coberturas informativas son pobres las campañas electorales pueden tener como consecuencia un debilitamiento de la democracia.

En el informe mencionado, Botero escribió: “Como ha sido señalado en varias oportunidades por la Corte Interamericana, la libertad de expresión es una piedra angular en la existencia misma de una sociedad democrática; por ende, es posible afirmar que una sociedad que no está bien informada no es plenamente libre”.

“La bandera” blanca es lo más original que ocurrió hasta ahora en una campaña electoral que no motiva ni a políticos, ni a militantes, y mucho menos a los votantes. Los programas de gobierno, las contradicciones de los candidatos y sus asesores o el origen de sus fondos carecen de una adecuada cobertura de las empresas periodísticas, preocupadas más por la audiencia que por las políticas públicas. Las discusiones de fondo están ausentes.

Al final del día, la culpa del vaciamiento del debate electoral no es solamente del que se cuelga del poste sino también del que cuenta sólo la parte más divertida del cuento.

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